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Leyenda de la Roca Tarpeya2018-11-27T10:54:44+00:00
eneagrama los truecos

Roca Tarpeya

Cuenta la leyenda…

Cuenta la leyenda que en la época de Rómulo -en la Roma antigua- los romanos se atrincheraron en la fortaleza del Capitolio para resistir el ataque de los sabinos, pueblo que habitaba entre el Tiber y los Apeninos, a pocos kilómetros de Roma. Con lo que no contaban los romanos es que Tarpeya, la joven hija de guardián de la citada fortaleza, Tarpeya, al enamorarse del rey sabino, Tito Tacio, decidió abrirle las puertas de la misma para poderse unir a él.

Los sabinos, gente de honor, no admitían la traición en ningún caso, por lo que tampoco admitían la realizada por un enemigo en su favor. Por ello, nada más pisar la fortaleza del Capitolio mataron a la traidora Tarpeya aplastándola con el peso de sus escudos.

La Leyenda siempre nos proporciona los detalles más maravillosos y de mayor interés de los sucesos, que a veces poco tienen de históricos o verdaderos, por esa razón nos podemos encontrar con que de lo que se cuente pueda haber varias versiones; como de hecho también sucede con los acontecimientos históricos, en función de cómo y quien los interprete. En este sentido, vamos a citar dos versiones más sobre la traición y muerte de la traidora Tarpeya. La primera de ellas es que fueron los mismos romanos, al comprobar la traición, quienes la arrojaron desde una roca ubicada en lo más alto de la fortaleza del Capitolio; roca desde la que despeñaba a los traidores. En el presente, la citada roca todavía es conocida como la Roca Tarpeya.

En la última versión que aún nos resta por citar, el amor de la joven Tarpeya se transforma en avaricia, ya que la hija de Tarpeyo abrió las puertas de la fortaleza a los sabinos a cambio de recibir de éstos los brazaletes de oro que llevaban en el brazo izquierdo. En este caso, la muerte de Tarpeya se produjo al ser aplastada por el peso de los citados brazaletes, al írselos arrojando los invasores según iban entrando en la fortaleza del Capitolio.

A raíz de esta traición, los romanos utilizaron La Roca Tarpeya para despeñar a los condenados por el delito de traición.

Situándonos en Toledo capital, pero discurriendo entre la leyenda y la realidad, nos encontramos con que los romanos -en el primer tercio del siglo IV son dueños de la ciudad- impusieron sus leyes, costumbres y, según los cristianos, su pagana religión. En este sentido, el gobernador de España, Daciano, ordenó poner fuera de la ley y despojar de sus bienes a los cristianos, así como proceder a la destrucción de las iglesias y quemar sus libros sagrados. A todos aquellos que no reconocieron a los dioses romanos se les condujo a las lúgubres mazmorras de la cárcel de la ciudad, situada en el peñasco hoy conocido como la Roca Tarpeya, muy cerca del Paseo del Tránsito. Los que tuvieron la desgracia de ser condenados a muerte eran lanzados, imitando a lo que se hacía en la Roca Tarpeya romana, desde el peñasco al abismo que da al río Tajo, por lo que su muerte era segura.

En este estado de terror, el amor, una vez más hace acto de presencia.

Veámoslo: El carcelero mayor o gobernador de la cárcel toledana, fanático seguidor de la religión romana, era el padre de una bella joven llamada, según las fuentes, Paula u Octavilla, que en secreto había abrazado la fe cristiana y que estaba enamorada de Cleonio, otro joven cristiano.

Encontrándose Paula el 9 de diciembre del año 306 paseando por un patio de la cárcel, se cruza con su amado al ser conducido entre dos filas de soldados romanos al peñasco de la Roca Tarpeya, desde el que, a una señal del fanático carcelero, será lanzado al vacío. El joven Cleonio, en ese fugaz encuentro, consigue entregar a Paula una pequeña cruz que llevaba escondida en la boca. Cruz, que tras ser besada guardó la joven en su seno.

Muerto Cleonio, a la joven Paula le embargó una tremenda tristeza y un profundo dolor que al poco la condujeron a la muerte. Su padre, antes de proceder a sepultarla, encontró entre sus ropajes la pequeña cruz; hallazgo que le hizo ver con toda claridad el motivo por el que la juventud de su hija se había ido marchitando desde la muerte de su amado Cleonio. El carcelero, según cuenta una de las versiones de la leyenda, a raíz de la muerte de su hija se convirtió al cristianismo, siendo posible que el mismo, por ese motivo, llegase a ser despeñado desde la Roca Tarpeya.

Otra versión de la leyenda, después de la muerte de Cleonio, no la hace referencia a la profunda tristeza de Paula, en este caso nos dice que el mismo día de la muerte de Cleonio falleció en una celda de Pretoriano la mártir doncella toledana Leocadia, que con sus dedos dejó grabada la señal de la cruz en las duras paredes de roca de la prisión.

Ya en 1953 el escultor palentino Victorio Macho decidió construir su casa y su taller en la Roca Tarpeya, desde la que, sobre el Tajo, se divisa una impresionante y bella panorámica de una parte de los cigarrales de Toledo. A su muerte legó toda su obra al pueblo español, dejando escrito en su testamento que la misma permaneciese para siempre en la ciudad de Toledo en el museo que lleva su nombre, también conocido como Roca Tarpeya, inaugurado en 1967. Felizmente, se ha pasado del suplicio a la cultura.

Fuente: Toledo Turismo